Siete y veinte. Renqueo hasta el baño entre volantes y lunares pegados en mis brazos. El sonido de la orina me despierta. Soy un esquizofrénico que oye voces en su cabeza enferma. María tú inicias el desfile . Os cruzáis en la pasarela. Estos flecos se enredan. No aplaudáis al final. Posar y aguantar la foto. Cristina recuérdame lo de la falda. Esa flor no está bien sujeta. Sentiros guapas…..
La moda flamenca se acabó ayer pero tengo mi mañana llena de flecos y de carruchas, de rosas bordadas y muselinas de flores, de mantones de mil colores y jardines que coronan las azoteas de las cabezas. Me visto sin mirar qué me estoy poniendo .¿Será ese el secreto de la cursi de la Palermo?. Friego. Siguen las voces.Salgo. Camino lento. No ha amanecido aún. Camino hacia el río. El aire frío me da en la cara y la vida vuelve. Pasa Mercedes con una bata de cola de votantes rojos. Alguien me dice buenos días. Es un hombre mayor que camina raudo. Una señora pasea a su perro. Buenos días de nuevo. Soy un cartel que camina solo con un ” Te necesito” pintado a mano sobre mi pecho. Ahora camino más deprisa. Hay un quejío en la frialdad de esa noche ya mortecina que deja paso a una aurora lila .Paso por el puente que lleva al Alamillo desde San Jerónimo. Hay una pintada en el suelo. Se me para el tiempo cuando estoy contigo, leo. Nadie me lo ha dicho nunca. Camino. Pienso en lo que acabo de leer con un revuelo de volantes entre mis sienes. Es una mano imberbe que grita lo que siente mientras agita el spray negro. Me paro. Un piragüista solo corta la plata del río que se despierta. El agua se remueve formando olas tranquilas y se llena de lunares de colores. Un pájaro se posa en la baranda metálica del puente. Lleva un clavel rojo en su pico . Camino . El monumento a Bécquer. Hay una flor bordada de escarcha sobre el mármol sin mácula. Toco la cruz. Nadie me ha dicho nunca “se me para el tiempo cuando estoy contigo”. Sigo caminando. Una lágrima bordada de corales me ara la cara de mi cincuentena. Va llena de aplausos. Alguien me dijo te quiero una mañana. No recuerdo quién. Amanece. La aurora se retira pero posa antes al final de la pasarela con su mantón bordado de pensamientos lilas. La luz le da en la cara. La belleza me toca el hombro . Todo sigue. Angela camina entre los eucaliptos vestida de Alex de la huerta. Un bordado de azabache reposa quieto en el camino de arena.
Camino. Intentó recordar. Nadie me ha dicho nunca “se me para el tiempo cuando estoy contigo”.
Yo te lo digo Pedro. Lo verbalizó y la voz se quiebra de cansancio. Se me para el tiempo cuando estoy contigo. Me toco la cara y me besó las manos frías. Estoy debajo del puente del Alamillo con toda la soledad del mundo besándome en la boca. Te quiero Pedro. Mi cara es un campo arado por lágrimas que buscan un mar donde acabar. Van llenas de aplausos. De volantes. De lunares. De flores. De gracias.
Todo sigue.

9 thoughts on “Todo sigue”

  1. Me encanta como escribes. A mi me ha hecho evocar muchas cosas dormidas. Pero lo único que no comparto es tu visión de Roma. A mi siempre tiene algo que decirme por mas vieja y decadente que la pueda encontrar, claro que esto es muy personal

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