Entra una luz tamizada por las rendijas de nuestras mañanas. Tiene forma de esperanza, una esperanza inquieta que se cuela en nuestros nidos y sonríe segura. Una esperanza que parece que se queda .

Salgo a la calle . Hay claveles esparcidos por rejas y portales, por el asfalto cris que llevamos pisando tanto tiempo. Son claveles que vomitan color. Claveles estrictos en sus tallos verdes y sus pétalos.

Una cortina se abre en una ventana pequeña . Es una cortina gastada bordada de lunares que se hacen vuelos cuando una mano anónima la zarandea.

Un cristal tiene unos labios rojos impreso en la transparencia sin mácula. Es el beso que me cuenta que todo lo que fuimos quiere volver desde la quietud en la que se quedó entre el dolor y el miedo.

Algo nuevo llena esta mañana que comienza. Vuelve lo que siempre fuimos. Lo que nos acompaña desde siempre. Lo que está prendido en las entrañas . Lo que si no está no nos deja ser.

Llevamos los volantes pululándonos por dentro. Se cuelan por las solapas de nuestras vidas. Inundan nuestras cocinas, los filos de nuestras mangas, los bajos de nuestras faldas.

Hay lunares en nuestra piel herida , en la piel de nuestros zapatos y nuestros bolsos. En los platos de loza blanca en los que comemos cada día.

Los flecos que colgamos de nuestras trenzas se alteran cubriéndonos la mirada. Se quedan quietos insertos en las laderas de un viejo mantón de Manila que nos vela la siesta llenando de seda el sueño .

Las carruchas adornan nuestras macetas colándose alegres entre  los tallos de nuestras flores. Colgándose traviesas en la ropa tendida en nuestros tendederos.

Hoy hay un sonido nuevo. Decibelios que avanzan desde una guitarra que grita primavera en este invierno perenne que no se quiere ir.

Vuelvo a la casa. La foto de mi madre está donde siempre. Enmarcada en plata. Hoy mi madre tiene los labios pintados de un rojo intenso y un clavel rojo asomando por la sien peinada hacia atrás, brillante y negra.

Hoy parece que todo es nuevo. Hoy renacimos. Hoy seguimos. La moda flamenca vuelve aunque nunca se fue. Solo se quedó adormecida , opiácea y serena. Solo se quedó esperando entre bolillos volverse verde teñida de esperanza.

 

Pedro González

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