Hoy he decidido que comienza el otoño, mi otoño. Mientras dormía he tirado de la colcha de piqué blanca , abandonada a los pies de la cama como un barco escorado durante meses, para arroparme. Y es que no me resigno a que en esta ciudad no haya respiro ni arrepentimiento cuando nos azota con el clima infernal que padece, es decir, 40 grados de media desde junio hasta septiembre. A pesar de ser traidora nos avisa alguna vez durante el mes de mayo de que vayamos desnudando nuestra cama como si de un amante ávido se tratara, raudo y asertivo.

Es una sensación que me embarga a pesar de lo que mi armario me indica confabulado con las tres de la tarde de cualquier día. La luz se definió distinta ayer por la tarde. Se llenó de malva antes de tiempo y me guiñó para que volviera a casa. Comienzo mi blog después de algunos meses sin tener nada que decir o sin querer decir nada. Un recoleto cuenco ucraniano color azafrán  lleno de  algarrobas, azofaifas y una granada. Un imaginario de mi infancia que me traslada al número diez, la casa del relojero, de la calle donde crecí, donde amé, donde sentí dolor por primera vez. Allí había un árbol de azofaifas que asaltábamos como bandidos cada tarde de aquéllos días de finales de verano donde el mar de leva nos invitaba a no volver a la playa y nuestra piel comenzaba a desnegrarse . Las algarrobas molidas en papilla me las daba mi madre  para curarme la barriguita mala. El color de una granada chilena comprada en Faustino en el mes de Julio, y por ende anacrónica  y molesta,  me recuerda al que tenía un jersey que me hizo mi madre y con el que estoy retratado en blanco y negro en el aula de mi colegio ,una imagen premonitoria del estudiante docto que seríamos con el mapa de España de cabecera y la bola del mundo de compañera.
La moda de este otoño que comienza la lleno de los colores y sabores de mi infancia. Los mezclo sin regla ni concierto y me salen faldas verdes “azofaifa”, rebequitas azafrán y zapatos “gorilas” marrón algarroba. Una bufanda de punto bobo color ”granada” abraza acalorando mi cuello. Mi otoño comienza hoy con una merienda llena de jalea de moras de Oporto, tortas de avena y un té a la bergamota. Me da igual que haga 40 grados.

5 thoughts on “Mi otoño”

  1. Este dialogo contigo mismo me recuerda a la voz en off de la pelicula amelie , pelicula que no me cansaré de ver cuyo director estuvo mas de un año recopilando detalles con una sensibilidad tan exquisita que casi lo puedes sentir cuando ves la pelicula , pues algo parecido me ha ocurrido al leer MI OTOÑO.Gracias por compartir tu sensibilidad

  2. Jaja, pensaba que sólo yo decidía cuando cambiaba de estación, aunque haga calor yo también he decidido que ya es otoño 😉 muy bonitos los recuerdos, a mí esta época me recuerda cuando volvía de la playa con mis padres y ya veía los uniformes azul marino del colegio en unos almacenes .Saludos

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