Hoy más que nunca oigo la palabra “tradición” en boca de gente cuya misión es justificar en nombre de la misma actos execrables. Las tradiciones nos definen. Son las que conforman nuestra cultura. Nuestra forma de entender la vida. Las acciones que se han perpetuado a lo largo del tiempo una manera de ser y vivir. Las tradiciones nos refuerzan como grupo. Nos retratan. En nombre de la “tradición” se han llevado a cabo y se llevan en la actualidad formas de comportamiento que más que como humanos ilustran la falta de cordura, la desvengüenza y la falta de compasión, esa cualidad sagrada que nos salva el alma de la negrura, de la maldad que solo el ser humano encierra.

No sabía que en Mauritania dice una tradición que el tamaño de una mujer indica el espacio que ocupa en el corazón de su marido y que por ello se someten a los bebés a la ingesta irracional de comida,”leblohu”, para ganar peso desde pequeños. No sabía que se vendan los pechos a las mujeres jóvenes en Camerún para disimular su feminidad. No sabía que una tradición en Irán es lapidar a las mujeres adúlteras y que en el código penal del país se especifica cómo llevarla a cabo y qué tipo de piedras hay que usar para causar más daño. En nombre de la tradición se practica la infibulación. Se matan a delfines y ballenas en las islas Feroe tiñiendo el mar de sangre dócil y pura. Se mutilan tiburones para utilizar su aleta para sopa. Se clavan con gruesos alfileres el lomo del toro  de San Juan. Se decapitan gansos en el pueblo Carpio del tajo en Toledo. Se apedrean hasta morir a gatos y ardillas encerrados en cántaros de barro en Robledo de Chavela en Madrid. Toda la crueldad del mundo en nombre de tradiciones crueles , irracionales, faltas de cordura. Tradiciones que deben ser abolidas sin duda como la caza como divertimento o el negocio crematístico de la llamada fiesta nacional cuyo fin no es otro que la tortura de un hermoso animal que no quiere morir. No quiere pelear.

Hoy me avergüenzo de nuevo de ser un ser humano. Me refugio en la  mirada de Milagrito. En la miel adorada de sus ojos amigos sin tregua. Beso la piel rosa de la barriga de Bendita. La lamo. Le pido perdón por lo que los llamados seres humanos les hacemos.

 

Hoy en nombre de la vida vuelvo a reeditar una “moda para la muerte” con un solo deseo: Que sepan que soy  un peligroso enemigo. Que les deseo todas las desgracias del mundo. Que cambio mi compasión por odio. Que los maldigo. Que soy un ser vivo. Solo vivo. Lo de humano lo dejo para ellos.

Una moda para matar (13 febrero, 2012)

¿Cuánto tiempo de nuevo? Tanto como huero me he sentido. Exponerse lleva su tiempo. No lo he tenido. He estado lleno de otras cosas. Trabajo. Gestiones. Planteamientos de futuro. Dudas. He estado buscando tanto que me olvidé de otras cosas. El azar hace que confluyan hechos e imágenes, palabras que oyes y formas de ver la vida y pensar que despiertan en el que escribe ese hermoso y doloroso camino creativo donde buscas y encuentras palabras que enlazas, frases que describen, pensamientos que, encadenados, paren sentimientos y emociones. La visión de una familia ataviada de forma peculiar, la lectura casual de una noticia, el recuerdo de la escena de una película impresa, por hermosa, en mi retina, genera en mí el que este mediodía de domingo, ese día inerte donde parece que se unen todo lo malo ocurrido en los días restantes, quiera escribir. Qué bien que la vida te dé siempre motivos para expresarte, para imprimir con palabras lo que nace de la mente barnizado por el corazón. Una familia alineada camina delante de mí por los pasillos interminables y “couregianos” de la estación del Ave de Madrid. Van ataviados con prendas de cacería.

No hay sexo en las prendas. No hay edad. Hay color verde. Hay formas. Hay objetos, armas queenfundadas, cuelgan diestramente, por ser una acción reiterada, de los hombros. Es una línea longitudinal de consanguinidad silenciosa y segura en su paso con toda la prepotencia de saberse armado y por ende poderoso. El padre encabeza la partida. La madre la cierra. Entre ambos, los frutos. Un niño de unos 10 años. Dos chicas. Una adolescente de 16. Una niña de unos 12. No sé de donde vienen pero sí sé de qué vienen: vienen de matar. Analizo y retengo. Una noticia en la sección andaluza de un periódico de ámbito nacional anuncia la creación de una asociación tecnológica para la sostenibilidad de la caza y la pesca en Andalucía. Recuerdo a la familia de cazadores ¿legales?. Cierro los ojos y rescato la maravillosa escena de la película de Stephen Frears “The Queen” donde una reina Isabel emocionada se da cuenta de la interinidad de la vida ante la presencia de un ciervo abatido por la miserable y sucia prepotencia del ser humano. Contempla la grandeza muerta y agacha su cabeza. La grandeza, la majestuosidad puede ser anulada con un simple disparo. También lo puede ser la suya. Por eso calla y camina. Cuezo en mi cabeza todo esto. Me embarga y me persigue instalándose en mis horas, sobre mi pecho, quedándose adherido a mis huecos. Busco en internet. Hay webs, foros, blogs, clubes, federaciones, asociaciones donde se habla del arte de la caza, la cinegética, de los precios de las licencias federativas, de premios al cazador del año, de venta de armas: Aya nº 53, escopeta Bereta S6S6, del nuevo rifle Steyr Mannlicher. Hay páginas de venta on line de prendas para cazar. Hay colores: verdes, ocres, marrones, almendras y topos. Hay prendas: chalecos, pantalones, botas, parkas. Hay formas y elementos de patronaje: bolsillos fuelles, acolchados,rodilleras, zurrones adaptados, protecciones lumbares. Hay tejidos: teflón, impermeables, panas, punto, tejidos reversibles. Todo un catálogo de cosas. Todo un rosario de palabras. Todo un mundo de imágenes. Sólo con un fin: matar. Hay una moda para la muerte.Hay un entorno para la muerte. Hay un protocolo para la muerte. Hay un ritual para la muerte. Hay comida tras la muerte. Hay bebida tras la muerte. Hay risa tras la muerte. Hay fotos con la muerte a los pies del que mata. Hay nuevas fechas para la muerte.
La familia vuelve a mi cabeza. Van regios y orgullosos con sus armas colgadas de sus hombros. Yo me siento más ciervo que nunca. Una lágrima se pierde entre el pelo cano de mi mandíbula. Siento vergüenza de ser un animal que logró pensar. Quiero ser uno de aquellos incapaces de matar sin inmutarse, de matar por y con placer. Quiero perderme con ellos en la verdura de un bosque y ver a ese animal que piensa, al hombre, acabar con mi vida. Quiero alzar mi cornamenta hermosa y berrear al aire: por favor no lo hagas.

3 thoughts on “Matar de nuevo”

  1. Bellas y emotivas palabras para describir el lado oscuro de la mente humana, la antinatura que mata por placer, vicio y apariencia desvirtuada. Pienso como tú cuando veo noticias de maltrato animal busco los ojos de mi perrito Vándalo y me cae una Lagrima por el sufrimiento ajeno de los que no conozco y lo padecieron.

  2. Me horroriza cada vez más el ser humano, es lamentable esta situación, no se como se puede parar estos actos crueles, es indignante.
    As tenido mucho valor Pedro, al publicar esta situación irracional, yo no he podido ver las fotos es superior a mi.
    Cuenta con mi total e incondicional apoyo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *