Regreso. Roto. Todo está roto. Yo. Las hojas de algo que escribí para traducirlo al inglés y luego enviártelo. El perfil de las hojas arrancadas con rabia. Una orografía discontinua. Torpe. Hay restos de letras escritas con bolígrafo azul. Restos de una te. De un tú . De amor. Siempre. Nunca . Un lenguaje inválido que solo entienden los que aman. Un diccionario para los que sufren del mal del amor.
El “toblerone” se vende a 19,59 euros en el duty free. Hay anuncios por todas partes. Miro el respaldar del sillón de delante. Hay folletos que explican cómo comportarse en caso de urgencia. Yo no sé cómo comportarme en este barco que me aleja de ti.
La voz de una mujer repite en diferentes idiomas normas y recomendaciones. A mí no me sirve ninguna. Voy sin guía .Sin un rosario que rezar por ti. Sin una palabra de consuelo. Sin una escueta oración que me regale un ápice de esperanza. Solo voy. Cada vaivén difumina tu cara. Tu beso . Tu lengua. Tus hechuras yendo desnudo hacia la ducha. Un camino de plegarias mientras te sigo.
Tengo heladas las piernas descubiertas. Los pies resecos entre las tiras de las sandalias. El dolor lo arropa la tapicería con motivos geométricos de este barco que va y viene siempre. Solo cuando el viento de levante pierde la cordura los barcos que cruzan el estrecho se quedan varados, cansados, en una espera de galbana lenta. El puerto de Tánger se queda solo. La espera se tolera sin tensión. Impera una naturaleza que impone sus dogmas a su antojo.
Miro alrededor. La gente va de un lado a otro como marionetas sujetas con hilos caprichosos. Ajenos a la férrea voluntad del equilibrio. Hay gente que come en familia . Hay gente que vomita en bolsas de plástico color turquesa. Hay gente dormida. Hay niños ruidosos. Hay gente como yo. Un hombre solo que vuelve.
El papel tiembla en un mar nervioso que borda de blanco y eriza las crestas de las olas. El mar que nos separa lentamente . Es un mar viejo que une a dos tierras cercanas y distintas . Un mar que no responde a mis preguntas. Que no da consuelo a este dolor tan grande. Solo es un mar que lleva y trae. Un cementerio azul de almas sin respuestas .
Pego mi cara al cristal que danza con las olas. El agua golpea mi cara sin mojarme. Cierro los ojos. Tu boca no está aquí. La veo prendida en el ojal de la camisa blanca que llevo puesta sin mácula. No miro hacia atrás. Me senté de espaldas a la ciudad que se quedó contigo. Con tu nombre .Se quedó con tu olor. Con tu piel. Con el sabor amargo de tu ingle sudada y rosa . Tánger se quedó con tus dogmas . Con tu falta de piedad . De compasión. Se quedó con todo lo divino de lo humano que somos olvidado en tu infancia. En tus pañales blancos de algodón.
El perfil turbio de tarifa me devuelve a la quietud que entrama el alejarse. Hay liviandad en la llegada. Un vaivén suave y líquido que dulcifica lo que siento. El pueblo se vuelve nítido mientras el barco amaina la velocidad. No se ve nada al otro lado. Solo está el mar y una bruma espesa que te desdibuja . Una lejanía que me dice que la vida puede seguir con todo el dolor adherido a cuestas. Arrogante. Leal.
Bajo. Voy hacia la aduana. El levante zarandea todo lo que soy. Lo que llevo. A ti te lleva lento hacia el mar. Espero paciente en la cola. Solo oigo un bucle en mi cabeza que dice tengo que olvidar. Una lágrima se me cae por detrás del cristal de las gafas. Lleva tu nombre. Te borro con el dedo. Caen otras sin vergüenza . Agacho la cabeza. Me tapo la boca. Hay gente que me mira. Una señora con velo me pregunta .¿Está usted bien?. La miro. No puedo dejar de amarle.
El policía me dice que me quite el sombrero. Que le enseñe la cara. Mira la foto el pasaporte y vuelve a mirarme .Le sonrío, húmedo y herido. Intuye mi tristeza. Venga hombre. Esboza una sonrisa doblando la cabeza. El dolor solidariza.
Suena mi teléfono. Mi padre se apaga en el hospital Del Mar en Cádiz. El mar. Otra vez el mar. Es el mismo mar.
La noche pasada te sentaste en la terraza en la silla de hierro blanca en la que te sientas siempre . Te miro entre la espera y el silencio .Te dejo . Miro tus pies enrojecidos. La dureza de los talones .De las uñas. Tus manos cruzadas. Recias. La cruz de tu rosario es un cigarrillo Winston que mantiene la tersura de su ceniza a pesar del temblor de tus manos rezadas. Las caladas son largas. La mancha azafrán de tus dedos delatan tu amargura. Tienes la barbilla cosida al cuello de una camiseta que asoma un bibo engrisado de algodón viejo. Llevas el pelo descuidado. Enredado en una madrugada que aún no ha terminado. Hueles a una noche con todo el mundo alrededor . Una noche cobarde que teme a una aurora jueza que restaura la verdad. La crudeza del día. Una aurora de luz rosa que delata la mentira .Bebes una cereza tras otra. Las latillas se amontonan como piezas de una vida . Juegan dispersas como niños solos sobre el mantel rosa bordado de flores en todos los colores .Suena una balada en árabe desde el Spotify de tu móvil con carátula de leopardo .
La lágrima se queda quieta en la punta de tu nariz afilada y curva. Se para entre los mocos y un fruncido en tu entrecejo. Se ceba en la espera. Es un mundo transparente y quieto que quiere ser leído. Una burbuja que guarda tu vida . Un padre que se fue sin permiso y te dejó nonato y solo . Un niño rubio vestido con una candora color de una vainilla que siempre es nuestra infancia. Estás ahí ,siendo circuncidado, llorando a mares entre los brazos de tu madre. Estás con una gorra en primer plano. Tu abuela está al fondo sentada en un sofá adamascado color azul. Arrugada como un tejido ajado y roto.
Está tu casa , pobre y digna, llena de todos los colores. Está tu madre en una cama sentada en un hospital de Rabat con la cabeza velada y una oración entre las cejas. Estás tú con un cigarro entre las manos y unos walkman oyendo una canción que habla de amor. De un amor perdido. Habla de perderse. De salir. Habla de irse.
Detrás de ti hay una pared de ladrillos sin enfoscar. Una pared sin terminar . Como tu vida. Como la mía.
La lágrima se cae cuando sabe que ya sé todo sobre ti. Cae recta. Sin dilación. Con esa elegancia austera con la que cae todo lo que cae del cielo. De la verdad. Se estrella sola esparciendo tu vida sobre tus sandalias Birkenstock falsas. Los clines mojados se amontonan sobre la tapa de la mesa. Los recojo . Los agrupo. Son como cerebros húmedos y salados apretados entre mis manos. Los guardo como si guardara toda tu vida. Eres solo un niño que llora entre mi dedos.
Va amaneciendo . Tánger parece desde arriba una rosa deshojada a la que la aurora le ha robado las calles . Tánger despierta arracimada y vieja. Es un mar de antenas que se adornan con el primer rezo de la mañana.
En la cama desnudo te tapo con una manta malva de bambula suave. Te encojes. Espero a que te duermas .Te miro mientras me acerco a tu boca entreabierta con certeza. Con la delicadeza de los que guardan en silencio. A un dedo de tu boca inspiro. Aspiro. Me trago el aliento que huele a cerveza aneja. A amargura.Te tengo dentro.Te beso la ingle. Los dedos de las manos. Los pies. Beso tus uñas una a una. Amarillas. Desiguales. Son diez hojas de un Corán que hablan de amor, de compasión, de lealtad, de piedad, de asumir.
Te velo el sueño. Siento solo mi pulso. En mi sien. En el centro del pecho. En mis muñecas. Recuerdo algo que dice el Corán. ”Dios está tan cerca de ti que late en la vena de tu cuello”.

 

La gata blanca y negra se cuela entre mis pies cuando salgo de la casa . Va rauda hacia arriba. Sube la escalera sin mirar atrás. La llamo. Siseo. Vuelvo a subir la escalera en penumbra. Solo estás tú. . En los restos de tu pelo en el peine azul. En un calcetín olvidado. En la saliva seca sobre la almohada. En la silla donde te sientas siempre . No quité nada. No lavé nada. Quería tus restos.
No encuentro a la gata. Subo. Oigo su maullido al final de la escalera. La veo mirando fija hacia la puerta cerrada de la terraza. Me suplica con un aullido fuerte mientras clava en mí el color del musgo seco de sus ojos pedigüeños. Le abro la puerta. La gata sale . Salta hacia un rincón pequeño de la azotea contigua a la mía. Me asomo y la veo arrullando a un montón de crías. Ahora sé. Solo buscaba estar junto a sus cachorros. A las vidas que nacieron de ella. A la vida. Buscaba seguir. Cuidar y seguir queriendo. Como yo . Me mira fija sin dejar de lamer. Sé que me da las gracias.

Dice un amigo que cuando creamos no debemos desandar sobre lo hecho. Lo pintado. Lo escrito. Todo debe estar ajeno al arrepentimiento. Sujeto a una lealtad hacia lo que hicimos. Lo que fuimos y sentimos . En el ahora hay huecos en blanco. Páginas vacías para llenarlas de nosotros . En mis páginas en blanco no estás. No está tu nombre. No estará el dolor . Las páginas vacías no te esperan.
La lágrima paciente que duró un instante en tu vida fue la mía .Mi vida entera. Mi camino. Mi Corán. Mi cordura. Se perdió, estrellada y sola. A mí me salpicó los pies desnudos y se me quedó prendida en algún lugar .