Ayer comenzó a llover. Había olvidado el olor. La belleza de las gotas sobre la verdura del patio. La verdina del suelo y el color del suelo hidráulico más intenso cuando está mojado. Llega el otoño y con él  sus colores. Musgo, cúrcuma, almendra. Los sabores de siempre. Granada y membrillo. El olor de las castañas asadas impregnando nuestro paso. Aún así sigo apegado al lino y al algodón suave, desafecto todavía a los tejidos que por rigor y coherencia con la estación tendrían que estar pululando desordenadamente en mi ropero. La ciudad se llena de gente que compra las primeras prendas, los primeros accesorios. Los escaparates promueven el deseo. Oscurece antes. En la cama la colcha de piqué tiene los días contados. Han llegado los primeros membrillos. Ayer me comí mi primera batata asada con azúcar y canela por encima. Todo fluye una vez más al margen de nuestras vidas, de los cambios de nuestra rutina interior, de nuestras amarguras, de nuestro crecimiento, de nuestros desamores y reencuentros. La naturaleza se impone inmune a nosotros, a lo que somos. La vida siempre está por encima de quienes la vivimos.

Me dicen que hable de la moda que viene, de la moda que ya está. Es mi profesión. Lo sé. Y quizás por eso la evito, harto de su monótona dinámica, de su tornar cada seis meses con la misma y cansina retahíla. Una rueda vertiginosa y recurrente y por tanto ajena al arte, siempre impuntual y fuera de la agenda venenosa de nuestra vida diaria. Hablar de moda hoy para mí es un macro esfuerzo, un draconiano intento por no despotricar hasta el agotamiento. Sencillamente, estoy harto de lo que la moda conlleva, de su universo, de su voz. Harto de la queja de diseñadores que, siempre con la misma jaculatoria casera, hablan sobre lo fatal de la situación en la que se encuentran. Harto de todas las Olivias Palermo del mundo, aburrida pandilla de imbéciles que no tienen otra cosa que hacer que cambiarse constantemente de ropa y ubicarse aquietada hasta que la cámara curiosa y ávida las capte y las inmortalice en el siguiente número de Vogue. Vampiras de la imagen. Pesadas. Harto de modelos que van de “modernas” porque siendo unas drogadictas sin catadura moral alguna firman más campañas de moda millonarias que nunca. Harto de redactoras de moda descerebradas que se creen conocedoras de la moda porque utilizan una sarta de anglicismos absurdos como cool, hits o front row. Harto de bloggers que se creen periodistas y que lo único que hacen es autofotografiarse para autonombrarse prescriptores de moda. Ombligistas. Harto de la palabra “moderno” y de los catetos que la utilizan. ¿Que carajo significa moderno hoy en día? Desde luego nada que ver con combinar jerseys de lana con trajes largos, hacer tu desfile en un matadero o consumir cocaína para inspirarse. Eso no es moderno. Es cosa de imbéciles que tendrían que leer un poquito más, ir al cine o hablar de otras cosas que no sean Prada, Gucci o Lanvin. Harto del grupito caquéctico con zapatillas converse o victorias que acude desnudos de cultura a las fashion week de turno, desde la de Jaén hasta la de Madrid, matan por ubicarse parasitariamente en las primeras filas y se pasean como pavas descoloridas por los stands implorando que alguien los invite al photocall de turno para ser inmortalizados. “PhotoCall”, vaya expresión más fea, agotada por reiterada y cateta. Yo los sustituiría por “paredón”. Me pone más.

A toda esta pandilla idiotizada les diría que son los responsables de que algunos profesionales no queramos, agotados de impostura, hablar de moda. Y no porque nos sintamos al margen o no hayamos participado del circo de tullidos y tontos que entrama esta profesión, sino porque estamos hartos. Nos vamos haciendo viejos y por consiguiente menos flexibles, menos tolerantes con los cretinos y obtusos, más descarados y sobre todo menos dispuestos a entrar en el redil de borreguismo alineante. Porque la moda es mucho más que todo lo anterior. La moda es negocio, es comercio, es trueque precioso de dinero por talento, es creatividad, es concepto aplicado a la piel, es sensibilidad zarandeada por el cuerpo en movimiento, es envoltura con papel de belleza. Por eso me cuesta hablar de moda.

Aún así, hoy los escaparates se llenan de camuflaje, de prendas enormes, de tachuelas y pinchos, de tejidos de tapicería y piel sintética, de barroquismo sin medida y azul, de cuellos de quita y pon, de prints ópticos y superposiciones de prendas, de tendencias tan dispares como el estilo abuelita (por no utilizar el anglicismo granny), la pampa argentina o el imperio bizantino. La moda que impera no tiene lógica ni concierto. Está agotada como lo estamos todos. Es dispar como nuestras mentes. Es reiterada como nuestras quejas. Es una pesadez como lo es la situación en la que vivimos. Está asustada como todos. Pide a gritos un “parón”, un impás para coger fuerzas, reinventarse y volver a luchar en ese campo de batalla que es la calle. Necesitamos parar y ver lo que hemos sido desde el balcón de la cordura. Eso sí, con un collar de strass verde esmeralda en nuestro cuello.

 

6 thoughts on “El grito”

  1. Me gusta pensar que la moda y el arte van de la mano.
    En mi taller realizo piezas únicas que beben de muchas fuentes de inspiración . La principal es la persona a la cual realizo el diseño.Pero siempre necesito estar en contacto con la moda mas generalizada. Me sorprende aunque sea con lo mismo reinventado.

    Enhorabuena , he disfrutado mucho leyendo esta entrada.

    Saludos , con cariño.

    Rosa Cuervas

  2. Percibo ese hastío en el ambiente… Pero por favor por qué confundir blog con egoblog, hay cantidad de bloggers que escribimos sobre moda sin ponernos delante de la cámara, sin afán de protagonismo y desde hace unos años se no está desenfocando, no es ego todo lo que reluce en la blogosfera.
    Magnífico post.

  3. Amigo Pedro, hoy he descubierto esta sublime entrada en tu blog,lo de hacer un draconiano intento por no despotricar te ha quedado en eso, en un infructuoso conato,aunque los que te conocemos sabemos que esta escrito desde el cariño… Ha sido muy valiente tu grito, has gritado por todos , hay muchos gritos que no se dan por prudencia,intereses o como diría la gran Pepita “por no indisponerse con nadie”. Has gritado con fuerza y lo has hecho también por todos nosotros. Gracias por emocionarme una vez mas con tus palabras.

    Pepi de Coria.

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